Samuel Sucre – Foco Panamá https://ultimasnoticiaspanama.com Noticias de Panamá Sun, 08 Feb 2026 19:12:52 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.4.8 https://ultimasnoticiaspanama.com/wp-content/uploads/2020/03/cropped-bulleyefoco-32x32.png Samuel Sucre – Foco Panamá https://ultimasnoticiaspanama.com 32 32 Homo administrator (Primates: Hominidae): la especie que necesita el mundo de hoy https://ultimasnoticiaspanama.com/homo-administrator-primates-hominidae-la-especie-que-necesita-el-mundo-de-hoy/ https://ultimasnoticiaspanama.com/homo-administrator-primates-hominidae-la-especie-que-necesita-el-mundo-de-hoy/?noamp=mobile#respond Sun, 08 Feb 2026 19:08:57 +0000 https://ultimasnoticiaspanama.com/?p=32300 Por Samuel Sucre Los humanos (Homo sapiens) solemos describirnos como “la especie que piensa”: capaces de abstracción, de ciencia, de arte y de proyectos que en otras épocas parecían imposibles. Pero hay una cualidad igual de definitoria, y hoy más urgente, que rara vez ponemos al centro de nuestra identidad: la capacidad de administrar. Administrar […]]]>

Por Samuel Sucre

Los humanos (Homo sapiens) solemos describirnos como “la especie que piensa”: capaces de abstracción, de ciencia, de arte y de proyectos que en otras épocas parecían imposibles. Pero hay una cualidad igual de definitoria, y hoy más urgente, que rara vez ponemos al centro de nuestra identidad: la capacidad de administrar.

Administrar no es dominar. No es destruir, ni explotar por explotar. Administrar es organizar el uso de algo en el tiempo, con reglas, incentivos y límites, para que ese “algo” siga existiendo y siga generando bienestar. Y si hay una época en la que esa habilidad debería ser nuestro sello, es esta: una era de crisis ambientales globales, donde la pregunta no es si los humanos merecemos o no existir, sino qué tipo de humanos decidimos ser.

A veces aparecen corrientes ambientales que, con rabia o desesperanza, coquetean con la idea de que la extinción humana sería “la solución” a los problemas ambientales. Entiendo el cansancio que produce ver ecosistemas degradados, especies en declive, metas incumplidas y promesas rotas. Pero esa postura, además de impracticable, contradice la esencia de un ambientalismo serio: cómo construir una convivencia sostenible a largo plazo, que preserve la biodiversidad y la dignidad humana.

En este contexto, me resulta una lástima que nuestro epíteto específico no haya sido administrator. Porque, nos guste o no, el planeta de hoy no necesita que el humano desaparezca: necesita que el humano aprenda a administrar.

Durante décadas, una parte de la agenda ambiental ha descansado demasiado en un reflejo prohibicionista: más restricciones, más barreras, más trámites, más castigos. La intención suele ser buena: “si restringimos el acceso, reducimos el daño”. Pero el resultado, con frecuencia, es otro: se reduce el acceso formal y sostenible, y se empuja el uso hacia la informalidad, donde no hay planificación, monitoreo ni reglas reales.

Cuando el acceso legal a recursos renovables se vuelve un laberinto que solo pueden navegar quienes tienen tiempo, capital y contactos, ocurre una paradoja dolorosa: el ciudadano común queda fuera, las élites se quedan con las oportunidades, y la presión sobre el recurso no desaparece… solo cambia de forma.

Si el enfoque estuviera funcionando de manera consistente, hoy veríamos señales claras y generalizadas: cumplimiento sostenido de metas, recuperación amplia de poblaciones amenazadas, reducción robusta de economías ilegales asociadas a recursos naturales, y una disminución marcada de la pérdida de hábitat, entre otras. Pero la realidad es más compleja: en muchas regiones de alta biodiversidad la degradación persiste, la desigualdad se agrava y los mercados informales siguen siendo atractivos porque, en ausencia de alternativas, son la única puerta abierta.

Pensemos en una persona rural sin ingreso estable, con familia que alimentar, viviendo en un lugar sin servicios básicos. Frente a su casa hay un parche de bosque. La pregunta real que enfrenta no es filosófica: es inmediata. Si ese bosque no le da comida, ni medicina, ni ingreso, ni seguridad, y podría destruirlo para producir alimento, ¿por qué lo protegería?

Pedirle que elija “el hábitat” por encima de sus hijos es, como mínimo, exigir heroísmo como política pública. Y una política pública basada en el heroísmo fracasa casi siempre.

Ahora cambiemos el escenario. ¿Qué pasa si esa persona puede acceder de forma fácil y legal al valor de ese bosque mediante usos sostenibles, monitoreables, formalizables, con reglas claras, que le den una vida decente? Entonces la pregunta cambia por completo:

“¿Por qué voy a destruir este hábitat si me sostiene?”

Ahí aparece el núcleo de lo que propongo: la conservación no puede tratarse solo de regular; debe aprender a incentivar. Y debe hacerlo con seriedad, sin infantilizar a la gente ni romantizar la pobreza.

La sostenibilidad tiene tres pilares: ambiental, social y económico. Es fácil repetirlo pero difícil diseñarlo. Cuando uno de esos pilares se ignora, la estructura colapsa: Si solo cuidamos lo ambiental, pero destruimos las oportunidades de vida de las comunidades, creamos resentimiento y economías paralelas; Si solo cuidamos lo económico, degradamos la base natural que sostiene cualquier economía; Si solo cuidamos lo social sin medios materiales, el proyecto se vuelve simbólico y frágil.

Administrar es aceptar que la naturaleza no es un museo y solo de uso contemplativo, pero tampoco una mina infinita. Administrar es reconocer algo incómodo: toda sociedad depende de los recursos naturales. La diferencia moral y ecológica no está en depender, sino en cómo suplimos la dependencia: con modelos extractivos o con modelos sostenibles.

Un error frecuente es meter todo en la misma bolsa: “uso humano” como sinónimo de daño. Pero no todos los usos son equivalentes, ni todos los actores son iguales. Hay quienes no quieren considerar el ambiente. Y hay quienes sí quieren, pero no pueden, porque el sistema los expulsa: requisitos imposibles, trámites interminables, costos que una familia no puede asumir. Esa distinción importa. Si la política pública no la reconoce, termina castigando al que intenta hacerlo bien y premiando al que opera fuera del sistema.

Si queremos una economía más sostenible y un planeta más habitable, tenemos que salir de la caja de “más regulación por defecto” y entrar en la caja de administración inteligente: reglas simples, claras y fiscalizables; incentivos reales para la formalidad; acceso democrático a modelos sostenibles; monitoreo basado en evidencia; y consecuencias proporcionales, enfocadas en quienes destruyen deliberadamente.

Necesitamos menos discursos que suenan bien y más sistemas que funcionen en el mundo real. Si queremos desarrollar economías verdes y sostenibles, tenemos que crear políticas públicas que tomen en cuenta los mercados, no que los ignoren esperando que desaparezcan por arte de magia, y que incentiven actividades sostenibles, no que las vuelvan imposibles de iniciar para la mayoría.

El mundo no necesita que el humano renuncie a existir. Necesita que el humano evolucione en carácter y en diseño institucional. Tal vez el nombre que nos corresponde, en esta etapa, no es sólo Homo sapiens. Tal vez lo que el siglo exige es que aprendamos a ser, por fin:

Homo administrator.

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Biocomercio sostenible como potencial desarrollador económico para Panamá https://ultimasnoticiaspanama.com/biocomercio-sostenible-como-potencial-desarrollador-economico-para-panama/ https://ultimasnoticiaspanama.com/biocomercio-sostenible-como-potencial-desarrollador-economico-para-panama/?noamp=mobile#respond Mon, 19 Jul 2021 17:34:27 +0000 https://ultimasnoticiaspanama.com/?p=8102 Después de trabajar varios años en conservación e investigación de anfibios, tomé la decisión de empezar un proyecto llamado Natural Tanks, un criadero de ranas. Esta es mi propuesta para resolver el problema de la obtención de fondos para investigar y conservar en un país como Panamá. A este modelo se le conoce como conservación […]]]>

Después de trabajar varios años en conservación e investigación de anfibios, tomé la decisión de empezar un proyecto llamado Natural Tanks, un criadero de ranas. Esta es mi propuesta para resolver el problema de la obtención de fondos para investigar y conservar en un país como Panamá. A este modelo se le conoce como conservación a través de la comercialización.  Para muchos puede parecer una contradicción criar ranas para mascotas para poder ayudar a cuidar las poblaciones salvajes y lo entiendo, ya que el mercado de mascotas históricamente se ha comportado muy mal y ha causado daños irreparables para el medio ambiente.

La realidad es que el problema no está en el comercio de mascotas en si, sino en los modelos actuales. Creo que es imperativo que Panamá tome los pasos necesarios para que el aprovechamiento de los recursos genéticos se de en una forma sostenible y beneficiosa para el país.

El primero de estos pasos es ilegalizar todo tipo de comercialización de animales que provengan directamente del medio silvestre. Los permisos de colecta para venta deberían ser ya cosa del pasado. Es mucho mejor colectar pocos individuos para criarlos y que solo se puedan comercializar los individuos nacidos en criaderos. Un ejemplo de mi criadero es la especie Agalychnis callidryas (Rana de ojos rojos) que es de muy alta demanda internacional y forma parte de nuestra fauna. Con los debidos permisos de colecta, capturamos tan solo 20 parentales y un año y medio después tenemos una población de alrededor de 1000 en nuestro criadero. Esta especie en particular tiene una alta demanda en el hobby de ranas y es una de las más vendidas a nivel internacional. Tristemente la mayoría de esta demanda es suplida con animales capturados del medio silvestre.

“Creo que es imperativo que Panamá tome los pasos necesarios para que el aprovechamiento de los recursos genéticos se de en una forma sostenible y beneficiosa para el país.”

Samuel sucre

El segundo paso debería ser la implementación de políticas que incentiven y faciliten la creación de criaderos, viveros o cualquier tipo de granja de especies nativas. Para que las personas puedan valorar y cuidar los recursos naturales deben entender que tienen valor, y mejor aún, que pueden tener acceso a ese valor para tener una vida digna. Esto aplica para animales, plantas, hongos o cualquier tipo de recurso genético. Si es muy complicado, la burocracia es alta y no se educa a las personas para que puedan tener iniciativas sostenibles no aprenderemos a explotar nuestros recursos de la manera correcta.

El tercer paso es que se den incentivos a proyectos que reinviertan parte de sus ganancias en investigación, conservación y educación ambiental. También considero que mi proyecto es un buen modelo a seguir en cuanto a este tema ya que los ingresos recibidos por la actividad comercial son utilizados en gran parte para realizar y publicar investigaciones, educación ambiental en escuelas y universidades, planes de voluntariado para estudiantes y donaciones a proyectos de conservación; incluso esperamos empezar nuestro propio proyecto de conservación in situ este año.

En Panamá tenemos una biodiversidad envidiable, con un alto endemismo de especies neotropicales, muchas de estas especies son altamente valoradas y cotizadas en países de primer mundo. No estamos aprovechando este potencial económico y estamos dejando el campo abierto al tráfico ilegal de especies y además le estamos apostando a proyectos no sostenibles y altamente destructivos para los hábitats como la minería a cielo abierto.

“En Panamá tenemos una biodiversidad envidiable, con un alto endemismo de especies neotropicales, muchas de estas especies son altamente valoradas y cotizadas en países de primer mundo.”

samuel sucre

El biocomercio sostenible es una alternativa para países en vías de desarrollo si las políticas de los estados facilitan la creación de estas empresas. Muchas especies de nuestro país son víctimas del tráfico ilegal de animales, y mientras no exista una oferta legal y sostenible son estas poblaciones las que sufren la peor parte. Para que este tipo de proyectos funcionen las reglas del juego tienen que estar hechas de acuerdo a las necesidades que tiene el medio ambiente hoy en día, de lo contrario seguiremos desperdiciando un potencial económico enorme y destruyendo nuestros recursos naturales sin dejar nada para nuestro desarrollo.

El aprovechamiento sostenible de nuestros recursos podría generar empleos, ingresos para nuestro país, aportar considerablemente a la conservación e investigación y ayudar a mejorar los índices de desempleo e igualdad en nuestro país.

Autor: Samuel Sucre, Licenciado en Estudios Ambientales, Propietario de Natural Tanks.

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